martes, 23 de febrero de 2010

NO SE PUEDE TENER CONTENTO A TODO EL MUNDO


"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

En ocasiones tenemos que enfrentarnos a personas que no sólo no se alegran de nuestros éxitos sino que les sientan mal, les molestan, nos envidian.
Puede ocurrir en nuestra familia, en el círculo de amistades, en el lugar de trabajo, incluso sin conocerlas personalmente. Estas personas suelen ser bastante inmaduras emocionalmente o incluso tener una autoestima muy baja, no están satisfechas con su vida y tienen muchas carencias.
Lo importante es saber que no debemos sentirnos culpables por lograr el cariño y la aprobación de las personas que nos rodean. No debemos hacerles caso cuando hagan comentarios hirientes del tipo “que cambien la presentadora" "que le den la oportunidad a otra" este comentario fue hecho a través de un programa de t.v. local en donde se invitaba a que opinaran sobre el carnaval. La indiferencia es nuestra mejor arma.
Si nos enfrentamos lo que lograremos es darles más poder sobre nosotros y sobre nuestras emociones. No debemos dejar que nos hagan dudar de si merecemos o no lo que tenemos, lo que nos hemos ganado a través de un trabajo honesto y sincero sin pasar por encima de nadie.

Sólo hay dos cosas que se pueden hacer con las personas celosas o envidiosas tenerles mucha paciencia y comprensión y demostrarle con nuestra actitud que no tienen razón. Pero sobretodo no dejar de ser la persona que somos, de sentirnos orgullosos de lo que hacemos, de crecer espiritual o emocionalmente. Mantener nuestra autoestima intacta será la labor más importante.
Es la persona envidiosa la que tiene un problema emocional.



Hay una fábula de El infante Don Juan Manuel que me encanta.
Aquí pongo un resumen:
Erase una vez, en un lugar, un padre, un hijo y un burro. Iban de viaje. En los tiempos de esta historia, los viajes eran largos, pesados. Los caminos eran infinitos y estaban llenos de polvo y los coches... no se habían inventado todavía. Los hijos ayudaban a sus padres en su trabajo y los padres trabajaban de sol a sol.
-¡Qué calor! Pensaban los dos, el padre y el hijo, sin decir nada.
Aquella mañana era horrible. El sol había decidido salir antes de lo normal para acompañarlos en su viaje. El hijo estaba tan cansado que decidió subirse en el burro para descansar un poquito. Entonces pasaron por un pueblo.
-¡Eh, mirad esos dos!-gritaron unos vecinos-. ¡Vaya cara que tiene el niño! Su pobre padre que está ya viejo, va andando, y él, joven y fuerte, va tan contento montado en el burro.
-¡Es verdad no lo había pensado! Papá, súbete tú que yo puedo ir andando.
Y así siguieron su camino. Horas después pasaron por otro pueblo.
-¡Qué poca vergüenza!¡Vaya padre! Deja que su pobre hijo, tan pequeño vaya a pie, y él tan fresco, sentado. ¡Qué barbaridad, si no lo veo no lo creo!
-Tiene razón esta gente. Hijo mío, siéntate aquí a mi lado. No hay necesidad de que vayas andando.
Y eso hizo el hijo, se montó en el animal, al lado de su padre,y siguieron su camino.
-¡Dios mío!- interrumpieron unos hombres de otro pueblo por el que pasaron-, ¡Qué cara que tienen algunos!¡Pobre animal! Soportando el peso de dos personas, y seguro que no ha comido todavía...
- Llevan razón. Es mejor que nos bajemos y lo dejemos descansar un poco.
Y se bajaron y siguieron su camino junto a su pobre animalillo, pensando que realmente era eso lo que tenían que hacer. No habían salido todavía del mismo pueblo, cuando oyeron voces y grandes carcajadas:
- ¡Serán tontos! Tienen un burro y, con el calor que hace, van los dos andando y el animal tan tranquilo, de adorno, ja, ja, ja...
- ¿Has visto hijo mío? Cada persona que nos hemos ido encontrando en el camino nos ha dado un consejo sobre como debíamos hacer el camino. Y cada vez nos ha parecido que llevaban razón... y así era, en cierto modo. Pero la razón de uno la criticaba el siguiente y la de éste era de nuevo criticada por otro. Y así pasa siempre en esta vida... Por eso, hijo mío, hemos de aprender una cosa de esta jornada: has de hacer siempre aquello que TÚ consideres correcto y no dejarte llevar por lo que los demás te digan, pues solamente tú eres responsable de tus actos y solo debes responder de ellos ante tu conciencia.

"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.

1 comentario:

  1. Tratar de entender a todas las personas o estar de acuerdo con todos es una utopia, siempre habrá un dejo de inconformismo en un sin número importante de personas..... No podemos irradiar sobre las personas y esperar un 100% de aceptación, pero si podemos seguir.... Claro está siempre y cuando nuestras acciones no traigan malas concesuencia

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